Dificultad de proponerse el debido fin

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La dificultad de proponerse el debido fin es una observación acerca de los obstáculos, escollos, y apuros, que padecemos los hombres, religiosos o no, al establecer nuestros objetivos… y que no es “el ir al acaso” ―hoy diríamos la falta de planificación previa, la falta de preparación―. Jaime Balmes apunta que muchos de los que han llegado a ocupar posiciones prominentes o alcanzado logros extraordinarios, no lo han hecho siguiendo planes definidos sino a causa del azar que nos mueve como el viento a los granos de arena.

 

Véase aquí el fragmento al que aludimos:

No hablo aquí del fin último; éste es la felicidad en la otra vida y a él nos conduce la religión. Trato únicamente de los secundarios, (1)como alcanzar la conveniente posición en la sociedad, llevar a buen término un negocio, salir airosamente de una situación difícil, granjearse la amistad de una persona, guardarse de los tiros de un adversario, deshacer una intriga que nos amenaza, construir un artefacto que acredite, plantear un sistema de política, de hacienda o administración, derribar alguna institución que se crea dañosa, y otras cosas semejantes.

A primera vista, parece que siempre que el hombre obra debe tener presente el fin que se propone, y no como quiera, sino de un modo bien claro, determinado, fijo. Sin embargo, la observación enseña que no es así; y que son muchos, muchísimos, aun entre los activos y enérgicos, los que andan poco menos que al acaso. (3) (4)

 Sucede mil veces que atribuimos a los hombres más plan del que han tenido. En viéndolos ocupar posición muy elevada, sea por reputación, sea por las funciones que ejercen, nos inclinamos naturalmente a suponerles en todo un objeto fijo, con premeditación detenida, con vasta combinación en los designios, con larga previsión de los obstáculos, con sagaz conocimiento de la verdadera naturaleza del fin y de sus relaciones con los medios que a él conduzcan. ¡Oh, y cuánto engaño! El hombre en todas las condiciones sociales, en todas las circunstancias de la vida, es siempre hombre, es decir, una cosa muy pequeña. (5) Poco conocedor de sí mismo, sin formarse por lo común ideas bastante claras ni de la cualidad ni del alcance de sus fuerzas, creyéndose a veces más poderoso, a veces más débil de lo que es en realidad, encuéntrase con mucha frecuencia dudoso, perplejo, sin saber ni adónde va ni adónde ha de ir. Además, para él es a menudo un misterio qué es lo que le conviene; por manera que las dudas sobre sus fuerzas se aumentan con las dudas sobre su interés propio.” (1)

Jaime Balmes, El Criterio, en su capítulo XXII- 2. El Conocimiento Práctico.

 

La dificultad de la planificación está más en el mantenimiento de la misma -el llevarla a puerto seguro- , sometida como está a fuerzas caóticas, que a la dificultad técnica de planearla o a la pereza en iniciarla. El hombre “encuéntrase con mucha frecuencia dudoso, perplejo, sin saber ni adónde va ni adónde ha de ir. Además, para él es a menudo un misterio qué es lo que le conviene; por manera que las dudas sobre sus fuerzas se aumentan con las dudas sobre su interés propio. (1)

Sin embargo no parece que nos haya ido tal mal, con esa conducta alejada de la lógica y la planificación, ¿verdad?…

 

¿Entonces?

Probablemente el manejo del Caos en el que nos encontramos no solo necesita de una orientación, de un orden racional, sino que probablemente otras potencias tales como el espíritu atento, la astucia, la pasión, etc.

Hace tan solo unas semanas ha aparecido un libro cuya nota editorial señala: Uno puede enfrentarse a un problema de dos maneras: acercándose y analizándolo con lupa para buscar una solución única e inequívoca; o alejándose para contemplarlo como parte de un contexto y entender que, tal vez, sea múltiple o compleja. Son dos actitudes que implican el uso de dos distintos tipos de inteligencia. En el primer caso, recurrimos a la inteligencia lógica, propia del razonamiento analítico y lineal en el que todos hemos sido instruidos. En el segundo, echamos mano de la inteligencia mética que es una inteligencia holística y curva, que usamos por intuición porque jamás nadie nos ha hablado de ella ni nos han enseñado a desarrollarla. Desorden habla de esa otra inteligencia, hoy del todo desconocida, pero común en la vida de los antiguos griegos, que combinaba conocimientos y habilidades intelectuales como la sagacidad, el ingenio, la creatividad, la flexibilidad de espíritu, la audacia, la atención vigilante, la intuición, la experiencia o el sentido de la oportunidad.” (2)

Cierto, necesitamos ambas. Y es más que probable que mientras la primera es muy perceptible, el segundo enfoque nos pase desapercibido.

Medite en ello.

Siga con salud, lógica… y méticamente, claro.

 

 

 

Miguel Villarroya Martín, a  8 de febrero de 2016 / Madrid. España / ventasgrandes.net / FrS.007

Notas:

(1)  El autor es profundamente católico y por eso subordina todos los fines materiales del Hombre al único principal para el mismo, según su creencia: alcanzar la felicidad en la otra vida. Aunque no crea usted eso, no deje de advertir la conveniencia de seguir las instrucciones de Jaime Balmes para lograr el resto de objetivos terrenales.

(2) Desorden, de Daniel Solana. LID Editorial / Colección: Acción Empresarial / ISBN: 9788483562246. La imagen utilizada corresponde a su portada de la 1ª Edición. Noviembre de 2015.

(3) Muchas de las cosas que nos ocurren -aún las extraordinarias- nos ocurren por casualidad, sin que las hayamos buscado. En un mundo complejo y caótico como en el que estamos las palabras de Balmes dan en el centro del blanco y es que muchos de los logros, consecuencias aparentes de la implantación de planes estratégicos, son debidos al azar.

(4) Ir al acaso: espectacular concepto y afortunada expresión que identifica, para bien o para mal, el discurrir de muchos hombres.Balmes critica esta conducta pero a la luz de nuestro estado actual de Conocimiento sobre la Realidad Compleja, un cierto ir al acasoparece adecuado.

(5) Pequeño frente a Dios, se entiende, pero aun así Balmes es optimista respecto de la capacidad del Hombre para dominar la Creación. (O a la Naturaleza, si le gusta a usted más esta expresión.)

(6) El Hombre ni conoce bien sus propias fuerzas ni logra articular a veces lo que quiere conseguir, nos dice el autor.

Para evitar esa mala situación pueden deducirse pues, para el hombre con sentido común, las dos tareas siguientes:

a) El incremento del conocimiento de sí mismo y de sus capacidades. Análisis, introspección, reflexión y asunción del estado actual de cada uno serán el primer paso para obtener los beneficios terrenales. Seguido claro está, de una puesta al día de sus capacidades a través de la formación y del trabajo. Y:

b) El aclaramiento de aquello que quiere conseguir. Ya lo hemos comentado más veces, incluso en este mismo número de esta revista, no se puede alcanzar, salvo por azar, un blanco que no se distingue con claridad y hacia el cuál no apuntamos.

Además del manejo del desorden o Caos que nos rodea, añadimos.

(7) Todo pues absolutamente actual, como ve a pesar de los años trascurridos, en  la obra pueden encontrase enseñanzas que le servirán en la actualidad. Vuelva a releer el texto de Balmes. Le hará bien. Pueden encontrarse en Internet versiones digitales de esta obra, aunque nuestra sugerencia es la de comprar ejemplares de ediciones anotadas por distintos expertos actuales. Pero sea como sea aprenda usted de este filósofo. Le sorprenderá su claridad y sentido común, aplicable tanto a creyentes como a no creyentes… de cualquier credo. Una edición digital de El Criterio puede encontrase en:

(8) La fotografía de Jaime Balmes utilizada, hecho que agradecemos,  la hemos tomado de la Wikipedia donde figura como de dominio público. Es una litografía del impresor N. González y se guarda en la Biblioteca Nacional de España. En este enlace podrá ver también una biografía de aquel autor.