Escuche a su suerte, le irá mejor

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¿Dónde está la Suerte?

Escuche a su suerte. Con frecuencia, cuando pensamos en la Suerte, pensamos en ella como en algo alejado que, tras algún hecho concreto y casi milagroso, aparecerá de repente para situarnos en una posición mucho mejor que la que teníamos antes de la ocurrencia de aquél hecho desencadenante.

Siempre suponemos que la Suerte está lejana y que es difícil de encontrarla. También solemos aceptar cosas tales como que cuanto más corremos detrás de la Suerte más se aleja ésta de nosotros. La Suerte no se busca ―se nos dice― sino que se encuentra; no se la llama, sino que respondemos a su llamada; es caprichosa y no se pliega a nuestros deseos; aparece cuando quiere y se resiste a ser poseída.

Afortunadamente, nos encontramos también con opiniones contrarias, como ésas en la que se nos advierte que se tiene más suerte cuanto más se trabaja; que la Suerte ―la Fortuna―  sonríe a los audaces; que si se la desea hay que salir a por ella: que la Fortuna no se entrega al perezoso sino al que activamente se dirige hacia ella.

¡Hasta yo mismo me he despedido en alguna de mis Cartas de Navegación (1)  con una frase parecida a : ¡Camine (o navegue) hacia la Fortuna!

Nótese sin embargo, que esas dos orientaciones opuestas, coinciden en algo: en la lejanía ―larga distancia― entre el Hombre y la Fortuna. En ambas hay, entre el que la desea y la Deseada, un trecho largo a recorrer.

 

La suerte no siempre es cosa de azar

 

Proximidad  y ausencia de la Suerte

Pero… ¿Y si no fuese así? ¿Y si la Fortuna, (la Suerte, la Felicidad,…) estuviese junto a nosotros, siempre, detrás o al lado nuestro, a la distancia de un brazo?

Yo lo creo así, sólo que sé que es difícil escucharla, reparar en Élla, con el ruido de tráfico que generamos en nuestras vidas. Es tal el desorden y la complejidad en los que nos movemos, que no la oímos, no la escuchamos, no la vemos, no la atendemos; así que… ¿cómo quejarse de que un invitado se muestre arisco con nosotros y no nos haga caso, si, invitado a nuestra casa, ni lo saludamos?

Piense así en la Suerte: todo lo que ha conducido a otros hombres afortunados a la cumbre, está con nosotros. Ésos no han sido ciegos ni han estado sordos ante Su presencia, la han atendido, la han escuchado, han hecho caso de sus indicaciones. Y la Fortuna, agradecida por la cortesía, por la atención y por el esfuerzo intenso que hemos puesto en atenderla, ha respondido con sus favores.

¡Hay que parar el ruido exterior e interior! ¡Tenemos que aquietar rumores, inquietudes, fantasías, manías, inutilidades, etc., … y concentrar el espíritu para escuchar ―sin ruido en el proceso de la comunicación― el discurso que la Fortuna ha entablado con nosotros. La Fortuna es ciega y no distingue entre los hombres, pero no es sorda y se da cuenta de aquéllos que atienden a su conversación y los que la ignoran.

Escuche a su Suerte

Ayúdese a sí mismo y escuche con atención lo que le dice Élla. No la desprecie. Y desde luego no considere que la distancia a la que está de usted ―¿recuerda?… a la distancia de un brazo― hace imposible que escuche lo que usted dice. Por el contrario, oye perfectamente y cualquiera que sea el idioma en el que usted se exprese, la Fortuna entiende si está alrededor de alguien que la trata con cortesía o ante un maleducado y tonto hombre, que la busca en la lejanía cuando podría encontrarla junto a sí mismo.

ЖЖЖ

¡Siga con salud!

 

 

Miguel Villarroya Martín, a 26 de junio  de 2016 / / Madrid/ España/ LdF.020 / ventasgrandes.net

Notas:

(1)  Las Cartas de Navegación eran los artículos que a manera de carta del editor presentaba en cada número de mi revista Más y Mejores Ventas Inmobiliarias.

(2) La imagen utilizada es OPEN CLIPART VECTORS. Y estaba en Pixabay  como imagen de Dominio Público. A ambos agradecemos su cortesía por el uso de su foto.