La “clemencia” (1) de Júpiter

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Clemencia… ¡Qué deseada y, sin embargo, qué escasa! Se ha de ser muy grande para disfrutar de su esencia. Se ha de ser muy buen gobernante (político, empresarial, familiar, personal) para aplicarla como gracia hacia los más débiles. ¡Y es más necesaria, cuanto más alto se esté en la escala social! Pero…
: ¡Qué diferente juicio nos merecen las cosas cuando las oímos… o cuando las padecemos!
¡Qué fácil es opinar sobre cualquier cosa y qué difícil es hacerlo cuando esa cosa nos afecta a nosotros mismos!
¡Qué bien se ven los toros desde la barrera, como se dice en España, y qué difícil es cambiar el incluso incómodo asiento de las gradas por la arena seca de la plaza!
¡Qué difícil es disculpar una conducta de otros y qué fácil, aceptar su escasa importancia cuando somos nosotros los que incurrimos en ella!
¡Qué fácil resulta excusar las conductas erradas de otras personas… salvo que esas conductas nos afecten a nosotros!

Y esa doble vara de medir, tan extendida en la actualidad como injusta desde siempre, puede alcanzar a cualquiera. Véase lo bien que lo cuenta esta fábula escrita hace más de un siglo y medio por don Antonio Campos y Carreras. (2) (3)

La clemencia de Júpiter

Un ladrón, dolorido
Á Júpiter le dijo de esta suerte:
“¡Dios inmortal, advierte
“Cuán grande es mi dolor! Arrepentido
“Vanamente perdón a todos pido.
“Haz tú que me perdonen.”
Júpiter respondió: “Dime tus culpas,
“Y haré por que los odios no se enconen.”
Sus vidas y sus milagros
Contó el ladrón entonces:
Siempre que se culpaba, al ofendido
Júpiter se volvía
Diciendo conmovido:
-Perdónale; que el pobre no sabía
Que falta cometía.
Por ejemplo; el ladrón así gritaba:
“Al Estado robé tantos millones.”
Y el dios aconsejaba:
-Estado, yo te ruego que perdones.
-“Hice que no durmiesen bajo un techo
“la honra y el provecho.”
Y Júpiter decía: -Perdonadle:
-“Tuvieron mis sobrinos una herencia;
“Como tutor, guardándome el dinero
“Yo los dejé a la luna de Valencia.”
-Perdonarle muchachos; yo lo espero.
-“A la modestia le robé la fama…”
-Perdona a un desdichado.
-“Haciendo gala de una burlona risa,
“Á un virtuoso lo dejé en camisa.”
-Que te perdone.-
-“Siempre creí bueno
“Vivir a costa del bolsillo ajeno.”
-De la virtud es hija la clemencia.
Perdonadle, ofendidos.
Y así los dos siguieron
El uno sus errores confesando,
Y el otro la clemencia aconsejando.
Por último, el ladrón, con voz medrosa,
Á Júpiter le dijo:
“Una vez se durmieron
“Tus servidores, de velar ya hartos;
Me introduje en tu alcoba
Y te robé unos cuartos.
“Perdonadme, señor.”
– Mas dando un brinco,
Júpiter contestó desde su trono:
-“¡Apártate de aquí! ¡No te perdono!
***
¿Dónde está la Clemencia del dios?… Desaparecida en cuanto lo enjuiciado le afecta directamente.

Reléa la fábula con atención. Usted la habrá escuchado bajo otras formas y maneras pero es siempre la misma historia. ¿No le recuerda a lo de la viga en el ojo ajeno y la paja en el nuestro? ¿ O, en otro ámbito alejado, al chiste, malintencionado, del comunista, el reparto de bienes y la moto… (del comunista, claro)?

La moraleja es clara: mida usted como mida, valore usted como mejor tenga a bien o considere el asunto que tenga enfrente como mejor le parezca… ¡que su vara de medir ―su criterio de valoración, diríamos en la actualidad― sea la misma cuando juzgue usted algo que no le afecte que cuando lo haga directamente! Esto es, que sea coherente en su juicio. Y si en algo considera que puede cederse, que sea siempre a favor del desafortunado.

 

 

 

Notas:
(1) Clemencia es sinónimo de benevolencia, benignidad, indulgencia, compasión, consideración, piedad, magnanimidad, misericordia, etc., durante el enjuiciamiento de alguien, por otra persona, audiencia, organización,dios o tribunal. Se considera una virtud deseable puesto que atempera o suaviza el rigor de la Justicia.

(2) La recogida en esta postal corresponde a la Fábula VII del texto: Fábulas, de Don Antonio Campos y Carreras, con un prólogo deDon Ramón de Campoamor, de la Academia Española, editado en la imprenta de M. Tello, calle de Preciados, núm. 86. Madrid, 1864. Se encuentra, en las páginas núm. 16 a 18. Libro escaneado por Google Books. Y se replica aquí con la misma grafía de la época. (Note las “ás” acentuadas, por ejemplo.)

(3) Y la ilustración que la acompaña es una imagen de Wikimedia Commons. Véase en: “Head of a colossal statue of ram-horned Zeus Ammon, Roman Tunisia (?), AD 150-180, Liebieghaus, Frankfurt am Main (14306091675)” by Carole Raddato from FRANKFURT, Germany – Head of a colossal statue of ram-horned Zeus Ammon, Roman Tunisia (?), AD 150-180, Liebieghaus, Frankfurt am Main. Licensed under CC BY-SA 2.0 via Wikimedia Commons
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Head_of_a_colossal_statue_of_ram-horned_Zeus_Ammon,_Roman_Tunisia_(%3F),_AD_150-180,_Liebieghaus,_Frankfurt_am_Main_(14306091675).jpg#/media/File:Head_of_a_colossal_statue_of_ram-horned_Zeus_Ammon,_Roman_Tunisia_(%3F),_AD_150-180,_Liebieghaus,_Frankfurt_am_Main_(14306091675).jpg.  A todos agradecemos su cortesía al permitirnos el uso de esta imagen.

 

Fábulas de don Antonio Campos y Carreras. http://www.todocoleccion.net

(4) Véase también la portada de la primera edición del libro. Un ejemplar estaba a la venta, en enero de 2015, por 50€, en http://www.todocoleccion.net/, con esta descripción: CAMPOS Y CARRERAS, Don Antonio. #  Con un prólogo por D. Ramón Campoamor.  # Madrid, Imprenta de M. Tello, 1864. Rústica editorial, 16×11 cm., VI + 101 pp. + Índice. Lomo tazado; por lo demás en buen estado de conservación; intonso. Primera edición. (No sabíamos lo que era un libro intonso, así que lo buscamos. Y en la Wikipedia ―¡Gracias por vuestro esfuerzo, amigos― leemos que un libro intonso es aquel cuyos cuadernillos son producto del plegado de un pliego de mayor tamaño y sus bordes no son refinados, es decir, no pasan por el proceso de corte que dota a las hojas de uniformidad.) Por otra parte Lomo tazado se refiere a que esa parte del libro está rozada, estropeada, suelta.)

(5) La versión digital del libro de don Antonio Campos y Carreras puede encontrarse con facilidad en Google Books, a quién agradecemos sus esfuerzos de digitalización, sin los cuales nunca hubiésemos podido acceder a una gran fuente de tesoros bibliográficos de otras épocas.

Miguel Villarroya Martín / Madrid /España/ Fab.002/ 28 de octubre de 2015