La granja de cocodrilos que era imposible lograr

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Una granja de cocodrilos… ¿puede llegar a ser un negocio rentable? Pues ahora no sabría que decirle, pero cuatro décadas atrás yo lo tenía claro: ¡NO! Además me parecía una locura para un emprendedor serio.

Pero vea usted cómo surgió esta historia y cómo, determinada claridad y firmeza de ideas ―virtudes, sin duda―, pueden bloquear su instinto emprendedor.

Hace unos cuarenta  años, un lunes por la mañana, al entrar en  el despacho que compartía con mi jefe y amigo  Rodrigo P.  ―director técnico de la delegación en Madrid, de la inmobiliaria de la constructora más grande de España en aquellos momentos―, lo encontré con “mala cara”. Le pregunté qué le pasaba y sonriendo pícaramente me dijo: ―“El sábado por la noche salí con Carlitos de marcha  y  pillamos una cogorza de las que  hacen época. Y aunque me he quedado en casa el domingo, me sigue doliendo la cabeza un montón―.―¿Y adónde fuisteis?―, proseguí. Y me lo contó. Nada grave ni especialmente preocupante o interesante. Pero lo que sí me llamó mucho la atención fue la última parte de su relato.

Para explicarme mejor cómo iban de alegres los dos, me dijo: ―Empezamos a hablar sobre qué negocio podríamos hacer nosotros, que fuese muy rentable, que tuviese pocos costes y que fuera fácil de preparar y manejar. Y no te imaginas la de barbaridades que se nos ocurrieron. Competíamos para ver quién decía el mayor disparate-negocio. Cero que el mayor de todos ellos fue el que Carlitos, propuso al final. Nada más y nada menos que una charca de cocodrilos. “Qué tontería ¿verdad?―. Fíjate lo que me dijo, añadió Rodrigo P.:―Compramos el terreno más barato que haya, no importa dónde, mandamos una excavadora y que haga un agujero, lo llenamos de agua y echamos unos cocodrilos dentro. Y en unos pocos años nos forramos vendiendo piel de cocodrilos a otros―. Y se moría de risa contándome los “desvaríos de su amigo” sobre ese proyecto de negocio. Y yo con él, aceptando que una idea tan peregrina solo podía fructificar en la mente de alguien con una tasa de alcohol en sangre superior a la permitida.

Rodrigo P. era ya un tipo muy listo y años más tarde llegaría a ocupar un altísimo cargo en una de las promotoras inmobiliarias más importantes de España y su amigo Carlitos, era un matemático que a la sazón trabajaba en el INE como estadístico. Pero aquella noche la idea de una charca de cocodrilos murió ahogada en ginebra.

A veces, he recordado con estupor las risas que, a la mañana siguiente, nos echamos Rodrigo y yo criticando la insólita idea de Carlitos, achacando al influjo del alcohol y a las altas horas de la noche, su descabellada ocurrencia.

Y pasó el día, y a los dos se nos olvidó el chiste.

La primera vuelta de una idea “imposible”.

Unos cuantos meses después, la “insólita” idea de Carlitos casi me atraganta. Estaba yo cenando  y viendo la televisión cuando en un documental pude ver unas instalaciones, creo que de Florida (USA), en las que se mostraba… una granja de cocodrilos. La sorpresa que recibí fue mayúscula, así que no pude esperar y, a pesar de la tardía hora, llamé a Rodrigo P., le recordé este asunto, y le dije que no era Carlitos el bobo y el que no veía bien, sino que lo éramos nosotros por habernos burlado de una idea que, juzgada como ilusoria, otros la estaban ya, llevando a cabo.

Hoy lo traigo aquí porque…

 He recordado hoy esta historia porque navegando por la red me he encontrado (1) con una página, en la que se presenta, esta vez en Francia, “la ferme aux Crocodiles”.  La “boba” idea de Carlitos, hecha realidad.

Lo que es imposible para muchos…

¿Cuántas de las ideas que pensamos que no van a ser posibles, las están haciendo ya otros? ¿Cuántas de las locuras, impedimentos o dificultades no son sino una excusa para nuestra pereza intelectual y /o física?  Me pesa no recordar a quién le leí algo parecido a esto: “No se duerma usted pensando que una cosa es imposible pues es muy probable que le despierten a usted los ruidos que otros están haciendo construyéndola”, porque debía ser un tipo admirable. (Quizás fuese H. N. Casson, en su revista de principios del siglo XX, Efficiency, pero no estoy seguro)

O quizás fuese otro que,  en alguna situación anterior, también se habría burlado de alguna otra “imposible granja de cocodrilos”, y  ya  despierto de su aturdimiento por el éxito que otros habían logrado en lo que él había abandonado, aprendió la lección de que, para los incrédulos, lo “imposible” llena muchas veces sus charcas… de oro.

No se nos puede criticar por no conocer entonces ese tipo de negocio que juzgamos como poco práctico, sino por este mismo juicio ¿Qué sabíamos nosotros sobre el negocio de pieles para enjuiciar uno de ellos? El error no estar en la ignorancia sino en la soberbia que permite el juicio sin datos… y que, encima, nos deja plenamente satisfechos con nuestra decisión. ¿Recuerda cuando los mares al oeste de Europa terminaban en un abismo de agua y oscuridad, pavoroso? Todo el mundo estuvo de acuerdo con eso durante muchos siglos, hasta que tres carabelas españolas destruyeron ese mito.

 Ni siquiera la información es suficiente.

A mí me despertó el documental de la tele, pero no estoy seguro si sirviese para mucho pues nunca más volví a hablar con Carlitos ni con Rodrigo, de la charca. Y de lo que estoy seguro es que ninguno de los tres ha tenido nunca un negocio de esa clase.

Y es que saber qué número de lotería va a salir hoy, no es suficiente para ganar el premio; para ello, hay que tener dinero para comprarlo y hacerlo efectivamente. La acción derivada del deseo es lo que resulta casi siempre suficiente; sin ella los sueños no tienen poder para materializarse. Muchas buenas ideas se quedan en el tintero porque no hay pluma ni tinta, ni mano para escribirlas.

Su granja de cocodrilos.

Finalmente, ¿ha pensado usted en alguna? ¿Ha intentado usted materializar alguno de sus sueños más íntimos?

Por si acaso véase aquí las tres tareas básicas para disfrutar de nuestras “granjas de cocodrilos”:

a) Imaginar cuál puede ser nuestra charca de cocodrilos.

b) Matar los mensajes de fracaso del tipo: no es posible, es muy difícil, no puede lograrse, ya hay muchas, no va a salir, etc.

c) Salir a cavar el agujero, esto es, planear, organizar, actuar y controlar todos los trabajos necesarios para que la charca llegue a ser la materialización de aquel sueño.

Le dejo…

Ya no he querido desarrollar más esta postal y quizás vuelva a ella más adelante, pero es que de repente me he dado cuenta de que no me gusta la “granja de cocodrilos” en la que estoy ahora. Así que me repliego a pensar en cuál va a ser la próxima en la que me voy a meter, pues no hay duda: hay más y mejor vida, más allá de charca en la que estamos.

¡Siga con salud y resiliencia! ¡Y cuídese de las fauces enemigas, pues una cosa es segura, en ésta o en otra charca, nadie se libra de algún que otro feroz bocado!

 

Una granja de cocodrilos real y próxima.

(15/11/2015) Posdata fantástica

Lo anterior lo escribí y publiqué hace años en alguno de mis proyectos anteriores, arruinados por algún malvado (2)  No la iba a republicar, pero esta historia personal me ha perseguido a lo largo de los últimos 40 años, saliendo a flote de una manera intermitente, ―una vez, incluso vi una película que en una de sus partes se desarrollaba en una granja de cocodrilos― Y pasé una mala noche, se lo aseguro. Pero ayer, viernes 13 de noviembre de 2015, lo hizo de nuevo en unas circunstancias increíbles. Y por eso vuelvo a ello.

Estaba yo hablando con una persona, Álvaro C., de la posibilidad de desarrollar digitalmente el Certificado de Profesionalidad del Sector Inmobiliario. Esto entraña una dificultad considerable y exige una enorme cantidad de trabajo durante mucho tiempo; así que estábamos comentando la complejidad de esta tarea y la necesidad de contar con un equipo de gente especial, cuando, casi por casualidad, me dijo que a él los retos le motivaban especialmente y, como muestra, me dijo que era dueño de la única granja de cocodrilos que había en este momento en España… Y me dio el folleto de sus instalaciones.

¡Otra vez, lo juzgado por imposible hace muchos años me volvía a abofetear con su pertinente realidad. Otra vez, esa se imponía a las ideas preconcebidas y falsas de antaño. ¡Otra vez, quedaba demostrado cómo el arrojo y la tenacidad vencían a la soberbia.

Aprenda de esta historia y no dé nada por imposible o falso, la Realidad es mucho más extensa y compleja de lo que percibimos y quizás, en algún pliegue del Caos, se encuentra nuestro sueño. ¡A por él!

¡Siga con Salud y arrojo tras su granja de cocodrilos!

 

 

 

Notas:

(1) Este era el enlace:

http://www.pluralworld.com/article.cfm?LeCont=4&LePays=37&LaRub=8&lart=604&changelangue=3, pero ya no funciona. Hoy, al pulsar en él, sale un mensaje que dice que el dominio http://www.pluralworld.com, está en venta. Pero no importa, porque el negocio francés sigue abierto. Véalo aquí “la ferme aux Crocodiles”.

(2) Véase Hello world 1: Piratas sin castigo.

(3) La imagen utilizada es la cara del tríptico publicitario de la granja de cocodrilos de este nuevo amigo, Álvaro C…,  que no se va a librar de enseñármela. Después, llamaré a Rodrigo P.

Miguel Villarroya Martín, a 15 de noviembre de 2015 / Madrid. España / ventasgrandes.net / LdF.003

 

Fuente de la imagen de portada.