Todo sucede para lo mejor

 

¿Todo sucede para lo mejor? O en forma más castellana: Lo que nos ocurre… ¿siempre es para nuestro bien? O, de otra forma, lo que nos sucede, por muy amargo que sea ¿guarda siempre para nosotros, algo bueno?

No parece que eso sea así. Lo malo es malo y el dolor que nos produce, cuando se desploma sobre nosotros, es algo real. Así que la respuesta parece simple: No, lo malo que nos ocurre trae dolor, confusión, angustia, desesperación y otros sentimientos menos nobles como la venganza, seguro.

¿Seguro?… No, no para todos, hay quienes piensan que en toda derrota, puede encontrarse la semilla de un bien, al menos equivalente. (Napoleón Hill, por ejemplo.)

Hay algo perturbador en esta antinomia, pues en ninguna de las dos manifestaciones se niega, ni la realidad del mal que nos ataca ni el dolor que nos produce. Sin embargo, lo que la segunda opción nos indica es un “además”, algo que la primera no señala y es que el conocimiento exhaustivo del mal soportado nos muestra las causas de lo sucedido. Y que con ese saber podemos mejorar nuestra conducta a partir de ese momento. ¡En esto se encuentra el bien!

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Repasando algunos escritos anteriores me he encontrado con esta reflexión,que escribí hace unos treinta años y que trataba de una mala situación en la que debí caer por mi inexperiencia.  No guardo en mi infiel memoria muchos datos acerca de ello  ―ni hace falta su detalle para lo que quiero contarle― pero la frase del título de esta postal  permanece en mi cabeza desde entonces, y reaparece de vez en cuando.

Con esa extraña frase me sorprendía con frecuencia un, entonces amigo, chileno-norteamericano al que conocí una vez en Madrid en el mundo de la intermediación inmobiliaria. No guardo muchos detalles de él pero sí que era un optimista nato y…, casi, casi, compulsivo. Su padre había sido durante muchos años misionero evangelista cristiano en Chile y él había nacido en ese país. Tras una vida, al parecer azarosa, había recabado en España donde tras unos éxitos iniciales las cosas, cuando yo le conocí, no le iban excesivamente bien.

Mientras mantuvimos nuestra relación intentamos varios negocios de intermediación –alguno ciertamente de gran interés y modernidad-  pero a la postre, con escaso éxito. Y, finalmente, dejamos de vernos.

Pero lo que viene al caso es que tras cada derrota que sufríamos, mientras yo me dolía y dolía por el fracaso, él rápidamente volvía a su estado de optimismo anterior y me decía: ―Miguel, “todo sucede para lo mejor“, esto es, “lo que nos ocurre siempre mejora nuestra posición para el futuro. Lo que nos ha ocurrido es lo mejor que nos podía haber pasado y eso sin duda se verá más adelante.” Y lo mantenía con firmeza aunque nos hubiesen hecho una mala jugada y hubiésemos perdido el negocio.

Con el tiempo su recuerdo preciso se ha borrado y sólo me ha quedado de él la imagen de un tipo que sin duda morirá de una pieza, pensando que todo, incluso su muerte, es algo que ocurre ―o que Dios le manda― para su bien futuro.

Yo no lo creo… pero Roy D. me sigue dando envidia por ello.

¡Siga con Salud, aprendiendo de todo lo que le sucede!

 

 

 

Miguel Villarroya Martín, a 07 de enero de 2016 / Madrid. España / ventasgrandes.net / LdF.006

Notas:

(1)   La imagen libre utilizada se ha tomado de Pixabay, donde figura como de Dominio Público, siendo su autor el genial fotógrafo ilustrador, Geralt. A ambos agradecemos su cortesía al permitir el libre uso de esta imagen.