Bruselas desmonta su intervención burocrática sobre las naciones

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Plan de regulación económica-UE
Plan de regulación económica-UE

En los últimos meses, la Unión Europea ha comenzado a suavizar algunas de las medidas regulatorias más ambiciosas —y polémicas— impulsadas por Ursula von der Leyen durante su anterior mandato. Lo que se presentó como un plan integral de intervencionismo económico, armonización normativa y sostenibilidad obligatoria empieza a mostrar signos de desgaste: plazos que se retrasan, normas que se reinterpretan y exigencias que se diluyen gradualmente.

El cambio responde a diversos factores. Por un lado, la fatiga frente a la regulación intensa por parte de empresas y Estados miembros. Por otro, un nuevo equilibrio político en Bruselas, con un Partido Popular Europeo cada vez más próximo a ECR y Patriots que a socialistas y verdes. Además, gobiernos nacionales como el de Giorgia Meloni han presionado para limitar el intervencionismo y fomentar políticas más pragmáticas centradas en la competitividad y el crecimiento económico.

El resultado es un desmontaje progresivo del legado regulatorio de Von der Leyen, que afecta directamente a su herencia política.

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Retroceso climático: el límite de 2035 ya no es intocable

Uno de los primeros indicios de este repliegue se observa en la política ambiental. Bruselas ha reconocido que la prohibición de vender vehículos de combustión a partir de 2035 ya no es inamovible. La Comisión abre ahora la posibilidad de ajustar plazos y condiciones, reconociendo que los objetivos fijados en el Pacto Verde Europeo podrían ser insostenibles sin afectar gravemente a la industria del continente.

Italia y otros Estados miembros alertaron sobre el impacto negativo en empleo, inversión y competitividad. Además, sectores industriales estratégicos y un contexto internacional más exigente empujan hacia un enfoque menos intervencionista. El resultado es un ajuste que debilita uno de los grandes emblemas del mandato de Von der Leyen sin admitirlo formalmente como rectificación ideológica.

La CCDDD: una norma limitada

La Directiva de diligencia debida en sostenibilidad (CCDDD), concebida para imponer responsabilidad legal a empresas sobre toda su cadena global de suministro, también sufre un repliegue. Originalmente presentada como una norma estrella del intervencionismo europeo, hoy se reinterpretará con menos controles y obligaciones reducidas, disminuyendo la exposición jurídica de las compañías.

Aunque la CCDDD no se deroga, su implementación práctica pierde fuerza y coherencia, reproduciendo un patrón claro: objetivos ambiciosos en papel, aplicación real cada vez más limitada.

Deforestación y flexibilidad parlamentaria

La regulación sobre la deforestación importada también refleja el cambio de estrategia. Esta norma, diseñada para imponer restricciones estrictas a productos de terceros países, se ha topado con resistencias dentro de la Eurocámara.

La alianza de ECR y Patriots ha influido en que el Partido Popular Europeo adopte una postura crítica frente al texto, rompiendo acuerdos históricos con socialistas y verdes. Italia ha sido clave en este giro. Como consecuencia, la regulación ambiental pierde fuerza y evidencia que el intervencionismo europeo puede verse limitado por cambios políticos internos.

TED y el debate sobre el intervencionismo fiscal

La Tobacco Excise Directive (TED), que grava productos de reducción de daño como el vapeo y el tabaco calentado, ha generado malestar. Se percibe como un exceso de intervencionismo sanitario combinado con un afán recaudatorio que alimenta la idea de una Comisión dispuesta a expandir su poder fiscal y político.

El malestar no proviene solo de Estados miembros: parte de la recaudación va directamente al presupuesto comunitario, reforzando la sensación de que la regulación se emplea como herramienta de control más que de política pública. La TED se convierte así en un símbolo de los límites del intervencionismo de Von der Leyen.

Un proyecto regulatorio en erosión

En conjunto, estos movimientos muestran una tendencia clara: el proyecto de Von der Leyen no se derrumba, pero entra en una fase de desgaste constante. Las normas permanecen, pero pierden coherencia, fuerza y ambición a medida que cambian los equilibrios políticos y se acumulan resistencias internas.

Bruselas no abandona la retórica verde ni la idea de sostenibilidad, pero empieza a asumir que el intervencionismo tiene costes económicos y políticos difíciles de soportar. El resultado es un desmontaje silencioso pero profundo del andamiaje regulatorio que definió la pasada legislatura, marcando el principio del fin del mandato más ideológico de Ursula von der Leyen.

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