El divorcio y la vivienda familiar

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Con la Sentencia 783/2025  (Sala de lo Civil), de 19 de mayo de 2025, el Tribunal Supremo ha consolidado un criterio claro: la vivienda familiar es el principal foco de conflicto en los divorcios, incluso por encima de la custodia o las pensiones. En la práctica jurídica, este bien concentra tensiones emocionales y económicas, ya que no solo representa estabilidad para los hijos, sino también el mayor activo patrimonial del matrimonio.

El uso de la vivienda tras la ruptura

Cuando hay hijos menores, el interés de los niños prevalece sobre la titularidad del inmueble, por lo que el uso suele atribuirse al progenitor con el que conviven habitualmente. No importa que la vivienda sea ganancial o privativa: la prioridad judicial es su estabilidad.

En casos de custodia compartida, la doctrina del Supremo ha evolucionado. El uso de la vivienda ya no puede ser indefinido para uno de los progenitores, sino que se fija de forma temporal o se impulsa la venta o adjudicación del inmueble. El objetivo es evitar que uno de los excónyuges quede ligado de por vida a una casa que le impide rehacer su situación personal y económica.

Si no existen hijos dependientes, el uso se limita aún más. Lo habitual es una atribución temporal al cónyuge más vulnerable o directamente la venta y reparto del precio. La vivienda no puede convertirse en un vínculo perpetuo tras la ruptura.

Propiedad, uso y gastos: tres planos distintos

Uno de los mayores equívocos es confundir propiedad con derecho de uso. Se puede ser propietario y, aun así, no poder vivir en la propia casa. Esto ocurre con frecuencia cuando hay hijos menores: el titular del inmueble puede verse obligado a mantener los gastos de propiedad sin disfrutar de la vivienda.

En términos económicos, la jurisprudencia distingue con claridad: los gastos ligados a la titularidad (IBI, comunidad, seguros o derramas) corresponden al propietario; los gastos de uso (suministros) recaen en quien reside allí. Si existe hipoteca, suele considerarse carga común del matrimonio. Este reparto provoca frecuentes fricciones y es uno de los puntos donde más se reclama una reforma legal.

La doctrina reciente también ha fijado otro límite: si quien disfruta del uso forma una nueva convivencia estable, la vivienda puede perder su carácter familiar y extinguirse ese derecho.

La diferencia entre vivienda ganancial y privativa influye en la liquidación económica, pero no impide que un juez atribuya el uso al otro cónyuge por razones de protección familiar, incluso en escenarios de custodia compartida.

Consejos para quienes van a divorciarse

  • Analiza la vivienda desde el inicio del proceso: será el eje del conflicto.
  • Distingue entre ser propietario y tener derecho de uso; no son lo mismo.
  • Valora soluciones pactadas (venta, compensación o límites temporales) antes de judicializar la disputa.
  • Calcula bien el impacto de los gastos a largo plazo, especialmente si no residirás en la casa.
  • Prioriza acuerdos realistas: los pleitos prolongados por la vivienda desgastan más que cualquier otra cuestión.

Porque, al final, el divorcio legal puede cerrarse con una sentencia, pero el verdadero cierre llega cuando la vivienda deja de ser un frente abierto.

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