- El 60% de los puestos de trabajo de las economías avanzadas podría verse afectado por la IA en los próximos tres a cinco años, según Kristalina Georgieva.
- El FMI advierte del riesgo de una burbuja de inversión financiada cada vez más mediante deuda y de una posible corrección brusca de las valoraciones.
- Ana Botín y Pablo Hernández de Cos coinciden en que la transformación tecnológica exige nuevas reglas, formación y una mayor cooperación internacional.
La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los principales motores de transformación de la economía mundial, pero su expansión también plantea amenazas que no deben subestimarse. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, advierte de que, sin mecanismos adecuados de supervisión, los riesgos de esta tecnología podrían acabar superando sus beneficios, con consecuencias para la estabilidad financiera, el endeudamiento y el mercado laboral.
Durante la Conferencia Internacional de Banca 2026, organizada por Banco Santander, Georgieva participó en un coloquio junto a la presidenta ejecutiva de la entidad, Ana Botín. En su intervención, defendió el enorme potencial de la IA como herramienta accesible y capaz de generar nuevas oportunidades, aunque alertó de que su desarrollo está concentrando buena parte de los beneficios en un reducido grupo de países.
Estados Unidos, China e India ocupan posiciones destacadas en la cadena de valor de esta tecnología, mientras que Europa todavía mantiene una presencia limitada, con Países Bajos como una de las excepciones señaladas por la responsable del FMI.
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El riesgo de una burbuja tecnológica financiada con deuda
Georgieva identificó tres grandes focos de preocupación vinculados al auge de la inteligencia artificial. El primero afecta a la estabilidad financiera y al elevado entusiasmo inversor que rodea a esta tecnología. Si las expectativas no se cumplen y las valoraciones comienzan a corregirse, una retirada generalizada de capital podría provocar importantes turbulencias.
La responsable del FMI recordó que las innovaciones tecnológicas suelen generar expectativas difíciles de materializar a corto plazo, aunque su verdadero potencial se manifieste a largo plazo. Esta diferencia entre las previsiones iniciales y los resultados reales puede alimentar movimientos bruscos en los mercados.
El segundo riesgo procede del creciente recurso a la financiación ajena. Una parte cada vez mayor de las inversiones en inteligencia artificial se está realizando mediante deuda, en ocasiones a largo plazo y dentro de estructuras de inversión cruzada entre empresas. Georgieva advirtió de que esta interdependencia puede amplificar los problemas si alguno de los participantes sufre dificultades.
El empleo afronta una transformación que afectará a millones de trabajadores
El impacto sobre el mercado laboral constituye el tercer gran desafío. Georgieva describió la expansión de la IA como un «tsunami lento», pero con capacidad para modificar profundamente la estructura del empleo.
Las estimaciones del FMI apuntan a que el 40% de los puestos de trabajo de todo el mundo se verá afectado por esta tecnología, porcentaje que se elevará hasta el 60% en las economías avanzadas durante los próximos tres a cinco años.
La transformación no supondrá necesariamente la desaparición de todos esos empleos. Algunos puestos se beneficiarán de mejoras de productividad y salarios, otros serán sustituidos y muchos tendrán que redefinir sus funciones. La directora del FMI señaló que en Estados Unidos ya se observan retrocesos en ocupaciones rutinarias, especialmente en puestos de entrada al mercado laboral para jóvenes, mientras crece la demanda de determinados servicios de baja cualificación.
Aunque el efecto neto sobre el empleo sigue siendo ligeramente positivo, la composición de los puestos de trabajo está cambiando, lo que obliga a anticipar las necesidades de formación y adaptación profesional.
Ana Botín reclama reglas comunes para la inteligencia artificial
La presidenta de Banco Santander coincidió en destacar el carácter excepcional de esta transformación tecnológica y las oportunidades que ofrece para mejorar la competitividad empresarial. En el caso de la banca, la IA puede permitir que entidades que adopten antes estas herramientas aventajen a aquellas que se queden rezagadas.
No obstante, Botín distinguió entre incorporar herramientas de inteligencia artificial y conseguir que su uso esté plenamente integrado en las organizaciones. Para avanzar en esa dirección, considera necesarias plataformas comunes, capacidad de actuación internacional y empresas con suficiente dimensión. «Europa necesita bancos y empresas globales», defendió.
También puso el foco en la importancia de la dirección intermedia y de la implicación de los trabajadores para que la implantación de estas tecnologías se traduzca en mejoras reales de eficiencia.
En materia regulatoria, Botín reclamó aplicar el principio de «mismo riesgo, mismas reglas», con independencia de quién preste el servicio. Entre las cuestiones que considera necesario resolver figuran el acceso de los agentes de IA a las cuentas bancarias, las garantías de privacidad y las posibles consecuencias para la liquidez del sistema.
Respecto al empleo, insistió en que la transformación requerirá nuevas competencias y una inversión considerable en capacitación. La adaptación de los trabajadores será un proceso gradual que exigirá tiempo y recursos.
Los bancos centrales también deberán adaptarse al nuevo escenario
La conferencia contó asimismo con la participación de Pablo Hernández de Cos, director general del Banco de Pagos Internacionales (BPI) y exgobernador del Banco de España. El economista destacó que la IA está modificando el funcionamiento de la economía y plantea nuevos retos para los bancos centrales, tanto en el diseño de la política monetaria como en la vigilancia de la estabilidad financiera.
A su juicio, la velocidad de estos cambios puede dificultar la interpretación de los indicadores económicos y la comprensión de las dinámicas del mercado. Por ello, las autoridades monetarias necesitarán reforzar sus capacidades de análisis, adaptación y cooperación internacional.
Hernández de Cos también señaló que empiezan a detectarse indicios de sustitución de trabajadores en actividades como la atención al cliente, la programación y las tareas administrativas. Sin embargo, defendió que la respuesta no debe consistir en frenar la innovación, sino en preparar a las personas para que puedan adaptarse a las nuevas exigencias profesionales y aprovechar la IA como complemento de su trabajo.
Por último, alertó de los riesgos financieros derivados de las elevadas valoraciones, la concentración empresarial y el aumento del endeudamiento para financiar proyectos tecnológicos. Si los rendimientos obtenidos no responden a las expectativas, una reducción de las inversiones podría transformar el actual auge del gasto en capital en una crisis.
Aunque considera que ese desenlace no es inevitable, Hernández de Cos subrayó que la dimensión y la rapidez de las inversiones en inteligencia artificial obligan a actuar con prudencia.
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