Comprar una vivienda con la intención de obtener ingresos mediante su alquiler pierde atractivo entre los compradores españoles. Solo el 47% de quienes adquirieron un inmueble distinto de su residencia habitual durante el primer semestre de 2026 tiene previsto destinarlo al arrendamiento, según el informe Experiencia en compraventa en 2026, elaborado por Fotocasa Research. El porcentaje supone dos puntos menos que en 2025 y un retroceso de 14 puntos respecto al 61% registrado en 2023.
Esta evolución coincide con un escenario de creciente incertidumbre regulatoria en el mercado del alquiler. La percepción de una mayor protección jurídica al inquilino, unida a las dificultades que afrontan los propietarios para recuperar sus viviendas ante determinados incumplimientos contractuales, puede estar alimentando el temor a arrendar y desincentivando la incorporación de nuevos inmuebles al mercado. A ello se suman las limitaciones a las actualizaciones de las rentas y los cambios legislativos, que dificultan la previsibilidad de la rentabilidad de las inversiones inmobiliarias.
El estudio confirma que utilizar la vivienda como residencia habitual continúa siendo el principal motivo de compra. Así lo manifiesta el 78% de los compradores, aunque esta proporción disminuye ligeramente frente al 81% del ejercicio anterior.
Por el contrario, ganan terreno las adquisiciones destinadas a segunda residencia y a inversión. La primera modalidad aumenta del 10% al 12%, mientras que las compras realizadas con una finalidad inversora pasan del 8% al 9%.
En conjunto, el 21% de los compradores no tiene como prioridad establecer su residencia habitual en el inmueble adquirido. Sin embargo, dentro de este segmento, la disposición a incorporar la vivienda al mercado del alquiler continúa retrocediendo.
La inseguridad jurídica enfría el mercado del alquiler residencial
La pérdida de atractivo del arrendamiento no afecta por igual a todas las modalidades. El principal retroceso se concentra en los alquileres de corta duración y vacacionales, mientras que el arrendamiento residencial de larga duración registra una ligera recuperación.
En concreto, el porcentaje de compradores que pretende destinar su inmueble al alquiler vacacional cae del 17% en 2025 al 14% en 2026. Por el contrario, el alquiler de larga duración sube un punto, hasta alcanzar el 34%, frente al 33% del ejercicio anterior.
Pese a esta mejora, la modalidad permanente sigue lejos de los niveles alcanzados en 2024, cuando representaba el 41% de las intenciones de alquiler.
La evolución se produce en un contexto en el que una parte de los propietarios considera que los riesgos de arrendar han aumentado. El temor a los impagos de alquiler , las dificultades para recuperar la posesión del inmueble y la incertidumbre sobre las condiciones futuras de los contratos pueden llevar a algunos propietarios a retirar sus viviendas del mercado o a buscar alternativas de inversión menos expuestas a la regulación del alquiler.
Los compradores de más edad muestran mayor interés inversor
La finalidad inversora presenta diferencias significativas en función de la edad. Los compradores de entre 55 y 75 años son los que muestran una mayor inclinación hacia la adquisición de vivienda como inversión, con un 14%, frente al 9% de media del conjunto de compradores.
Este mismo grupo destaca también por su interés en adquirir una segunda residencia, una opción que alcanza el 16%. Un porcentaje idéntico al registrado entre los compradores más jóvenes, de 18 a 24 años.
La rentabilidad sigue siendo el principal incentivo para alquilar
Entre quienes deciden comprar una vivienda para ponerla en alquiler, obtener una rentabilidad económica continúa siendo la razón predominante. Así lo señala el 66% de los propietarios, aunque esta motivación pierde dos puntos porcentuales respecto a 2025.
El segundo argumento más habitual es utilizar los ingresos del arrendamiento para afrontar el préstamo hipotecario. Sin embargo, esta motivación experimenta uno de los retrocesos más importantes del estudio: pasa del 33% al 24% en apenas un año.
Por otra parte, aumenta el número de compradores que contemplan el alquiler como una estrategia temporal para revalorizar el inmueble antes de venderlo. Esta opción es mencionada por el 16% de los propietarios que pretenden arrendar su vivienda, frente al 10% registrado en 2025.
El descenso del interés por destinar viviendas al alquiler pone de manifiesto un cambio en las expectativas de los compradores. Aunque la rentabilidad sigue siendo el principal incentivo inversor, la incertidumbre regulatoria y el temor a los riesgos asociados al arrendamiento pueden estar debilitando la confianza de los propietarios. Un escenario que dificulta la llegada de nuevas viviendas al mercado y añade presión a una oferta residencial que ya resulta insuficiente.
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