El poder adquisitivo se hunde y la vivienda se dispara

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PRECIO-VIVIENDA-
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La brecha entre ingresos y vivienda no deja de ampliarse en España. Mientras los salarios avanzan con dificultad y pierden fuerza frente a la inflación, el coste de acceder a una casa crece con intensidad. El resultado es un deterioro evidente: cada vez se necesita más esfuerzo económico para acceder a una vivienda, consolidando una pérdida sostenida de poder adquisitivo.

Entre 2018 y 2025, los salarios han aumentado un 21% en términos nominales, pero el IPC ha crecido un 26%. Esto se traduce en una caída real del 3,4% en el poder de compra. En otras palabras, los trabajadores disponen de más dinero en cifras absolutas, pero pueden adquirir menos bienes y servicios que antes.

La vivienda se dispara muy por encima de la inflación

El contraste con el mercado inmobiliario es contundente. En ese mismo periodo, el precio de la vivienda ha subido un 62% nominal, lo que equivale a cerca de un 29% en términos reales. La vivienda no solo se encarece, sino que lo hace a un ritmo muy superior al del conjunto de la economía.

Si se comparan ambas variables con base 2018, el salario real cae hasta 96,6 mientras que el precio real de la vivienda alcanza 129. Esto implica que la capacidad de compra de vivienda ha caído un 25%, es decir, con el mismo esfuerzo económico hoy se adquiere una cuarta parte menos que hace siete años.

Un acceso cada vez más duro, especialmente para los jóvenes

El impacto es especialmente intenso entre los menores de 35 años. Actualmente necesitan cerca de 15 años de salario íntegro para comprar una vivienda, frente a los 9,7 años que requerían en 2018. El hogar medio también ha visto empeorar su situación, pasando de 6,5 años de ingresos necesarios a 8,9 años en la actualidad.

Déficit de vivienda y políticas que no corrigen el problema

El origen de esta situación está en un desequilibrio estructural: se forman alrededor de 200.000 hogares al año, pero solo se construyen unas 100.000 viviendas. Este desfase genera un déficit anual cercano a 100.000 viviendas, que se acumula con el tiempo. Desde 2021, el déficit total ronda las 700.000 unidades.

Lejos de centrarse en aumentar la oferta, muchas políticas han optado por limitar precios. Sin embargo, la experiencia muestra que estas medidas suelen provocar reducción de la oferta y mayor tensión en el mercado. Ejemplo de ello es el caso de Cataluña, donde tras reforzar el control del alquiler, la oferta cayó y los precios alcanzaron máximos en 2025, con una demanda disparada que llega a cientos de solicitudes por anuncio en pocos días.

La conclusión es clara: mientras no se construya más vivienda en las zonas donde se concentra la demanda, la brecha entre salarios y precios seguirá creciendo, dificultando cada vez más el acceso a la vivienda.

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