El encuentro de los dos escritores

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Léase con atención esta nota que he encontrado, en una de sus ediciones de 1834, en El Instructor (1). Creo que le hará reír… aunque lo mejor sería que le hiciese pensar. Y lo mejor. que le pasase las dos cosas: El cuento dice así:

Los dos escritores

Coincidieron casualmente en un camino dos sujetos que tras preguntarse el uno al otro  conocieron que se dirigían al mismo punto. Así que decidieron seguir juntos lo que les quedaba de marcha.

Al poco  se enlazaron en una animada charla y tal fue la empatía que surgió entre los mismos que terminaron por  confesarse mutuamente que eran escritores.

Siguió la marcha, continuó la animada conversación, aumentó la camaradería entre ellos y, al fin, uno le dijo al otro:

 ―”‘Amigo, no es acaso sorprendente que, una excelente obra mía que acabo de publicar y que me  tendría que haber llevado a la fama, pues es muy buena, de ella sólo se hayan vendido media docena de ejemplares.»

―«Terrible desgracia es esa ―le contestó el otro― pero amigo no te quejes, yo cambiaría contigo mi suerte, pues acaba de publicarse una execrable obra que trata sobre mí en la que me ponen como a un trapo y ha sido tal su éxito… que creo que van a hacer una segunda edición.»

 

Moraleja:

No quejarse, no compadecerse es siempre más útil que lamentar la propia suerte.

Lo hemos visto muchas veces antes. El quejarse es tan frecuente como inane. Y sin embargo, sigue siendo una conducta habitual en muchos de nosotros.

Si algo malo nos sucede  ―salvo que sea tan grave como para necesitar ayuda de un profesional― nunca, nunca, nunca, deberemos exponer a la gente en general, nuestras desgracias. Rememore ―o repase el aforismo de Gracián: Nunca quejarse, si no lo recuerda― lo dicho acerca de las quejas que exponemos ante los demás, pues habitualmente, ni encontramos consuelo en lo que le contamos a los extraños y sí, muchas veces, burla, satisfacción ajena o incomprensión en ellos. (2)

 

 

 

Miguel Villarroya Martín, a 13 de marzo de 2016 / Madrid. España / Fab.012 / ventasgrandes.net /

Notas:

(1) Vista en: “El Instructor  o Repertorio de Historia, Bellas Letras y Artes, que fue un magazine que  en español se editaba en Londres, allá por los años treinta del siglo XIX.  (Lamento no haber anotado en su momento,  la página y el mes de edición de este cuento, dentro de ese magazine. ¡Lo he buscado en el número de marzo de 1834, que era donde pensaba que se hallaba, pero no está ahí, lo siento!

Muchos de los números de El Instructor los puede encontrar en la Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España, cuyo esfuerzo en digitalizar sus inmensos fondos, es encomiable.

(2) Véase el: Aforismo 129 Nunca quejarse. De esta postal le recuerdo su nota 2: «Muchos siglos después, H. N. Casson advertía, con un cierto sarcasmo, que: Cuanto sienta usted la tentación de hablar a alguien de sus desgracias, ¡no lo haga! A la mitad de los que se lo cuente, le tendrá sin cuidado su percance. Y la otra mitad se alegrará de que alguien, por fin, le haya dado a usted su merecido

(3)   La imagen utilizada corresponde a la cabecera del magazine citado.