El aforismo 129:
Nota 0: Con fecha 08/07/2021 publiqué en el periódico Inmonews.es un breve comentario a este aforismo. https://www.inmonews.es/nunca-quejarse-de-baltasar-gracian/
Hoy, casi cinco años y 5.500 visualizaciones después, creo que es hora de actualizarlo. (1)
Aforismo 129: Nunca quejarse.
«La queja siempre trae descrédito. Más sirve de ejemplar de atrevimiento a la pasión que de consuelo a la compasión. Abre el paso a quien la oye para lo mismo, y es la noticia del agravio del primero disculpa del segundo. Dan pie algunos con sus quejas de las ofensiones pasadas a las venideras, y pretendiendo remedio o consuelo, solicitan la complacencia, y aun el desprecio. Mejor política es celebrar obligaciones de unos para que sean empeños de otros, y el repetir favores de los ausentes es solicitar los de los presentes, es vender crédito de unos a otros. Y el varón atento nunca publique ni desaires ni defectos, sí estimaciones, que sirven para tener amigos y de contener enemigos.» (2)

Contenido
1. El problema
En un mundo como el actual, lleno de reclamaciones, quejas, juicios y disputas… tiene que chocar al lector la pregunta que planteamos sobre la imagen adyacente.
Y no parece haber duda acerca de su respuesta: pues claro que sí, es la respuesta de casi todos, ya que… Si tengo razón, ¿por qué no voy a reclamarla?

Sin embargo, es necesario plantearnos si eso debe ser tan automático como para hacer de la queja, un derecho ciudadano a ejercer obligatoriamente, en cualquier circunstancia.
Veamos lo que nos dice Baltasar Gracián.
2. Comentarios a “Nunca quejarse”
En este aforismo, Gracián, nos advierte del peligro en el que caemos con mucha frecuencia: quejarnos de una situación de la que hemos salido dañados.
Y su enunciado es tajante: Eliminar la queja como hábito. Para Gracián, quejarse es mostrar debilidad, una auténtica fractura en el carácter del hombre prudente.
2.1 La queja siempre trae descrédito.
Las consecuencias de la manifestación de nuestra queja podrán ser unas u otras, pero la más amarga de todas ellas es siempre esta: La queja nos coloca públicamente en la posición del derrotado. Y la imagen de víctima rara vez genera admiración o prestigio.”
Luego ya se verá si hay remedio o compensación, pero lo radical es que nos quejamos porque hemos perdido una disputa, esto es, porque de ella hemos salido como perdedores.
Hay que alejar esa imagen de nosotros, aun cuando nuestra reclamación fuese legítima. Considere que eso hace que el valor percibido en nosotros, por terceros que la llegan a conocer, disminuya.
Nótese además que, la queja en sí misma no soluciona el problema, solo lo expone a quienes seguramente no pueden valorar nuestra conducta en el incidente.
2.2 Más sirve de ejemplar de atrevimiento a la pasión que de consuelo a la compasión.
La queja, el lamento, muestran con claridad extrema que el enemigo ha dado en el blanco. Y ese conocimiento (ejemplar de atrevimiento) puede inducirle a repetirlo. Y lo terrible ahora es que somos nosotros los que le hemos dado las pistas.
Y el consuelo logrado en la expresión de la queja es inane.
Por otra parte, muchos siglos después, H. N. Casson advertía, con un cierto sarcasmo, que: «Cuanto sienta usted la tentación de hablar a alguien de sus desgracias, ¡no lo haga! A la mitad de los que se lo cuente, le tendrá sin cuidado su percance. Y la otra mitad se alegrará de que alguien, por fin, le haya dado a usted su merecido.»
2.3 Abre el paso a quien la oye para lo mismo, y es la noticia del agravio del primero disculpa del segundo. Dan pie algunos con sus quejas de las ofensiones pasadas a las venideras, y pretendiendo remedio o consuelo, solicitan la complacencia, y aun el desprecio.
La queja que se expresa públicamente sirve de estímulo para que otros, conociendo nuestros puntos débiles, insistan —ahora ellos— en la senda de nuestro dolor. «Abre el paso a quien la oye para lo mismo.»
Cuando nos quejamos, mostramos las heridas a las que somos propensos y así, nuestros enemigos pueden apuntar hacia ellas.
Además, puede servir de excusa para que otros, repitan (… y es la noticia del primero…) la ofensa, pues ya saben las débiles consecuencias de la padecida en primer lugar.
Y es que la ausencia de respuesta digna facilita que el daño pueda continuar (Dan pie algunos con sus quejas de las ofensiones pasadas a las venideras…) O lo que es lo mismo: el lamento puede ser una puerta abierta a otros ofensores.
El objetivo de la queja se pierde en la nada, puesto que “pretendiendo remedio o consuelo solicitan la complacencia, y aun el desprecio”, no obtienen de sus oyentes, ni la conformidad ni el apoyo pretendido.
Pero también Gracián nos muestra otras mejores conductas para sustituir la tendencia a quejarnos. Y así, nos dice que, por el contrario:
2.4 Mejor política es celebrar obligaciones de unos para que sean empeños de otros, y el repetir favores de los ausentes es solicitar los de los presentes, es vender crédito de unos a otros.
«Mejor política es celebrar…» Mucho mejor que manifestar la queja es celebrar todo aquello que hemos hecho bien y que ha conducido a otros a felicitarnos por ello y a estarnos agradecidos.
“Celebrar las obligaciones de algunos“: Significa aplaudir y dar las gracias públicamente por el favor o el buen trato que alguien en particular (uno) ya ha recibido de ti.
“Para que sean empeños de otros”: Significa conseguir que lo anterior induzca a otros a seguir tu ejemplo contigo. Cuando alabas a alguien en público que te ha brindado su ayuda, generas una obligación psicológica para que otros hagan lo mismo por ti.” El repetir favores de los ausentes es solicitar los de los presentes». Hablar positivamente de los favores que nos hicieron personas ausentes es un método discreto para solicitar un favor a quienes están presentes. Indirectamente, les estás diciendo cómo quieres ser tratado.
Nótese que quien recibe reconocimiento y gratitud suele convertirse en alguien con quien los demás desean relacionarse.”
A todos les gusta la compañía del que gana y buscan estar cerca de él, en contraste con lo que hacen cuando se alejan del perdedor.
“Es vender crédito de unos a otros”: Gracián usa aquí la palabra “crédito” como sinónimo de confianza, valor social y reputación. No se refiere, pues al dinero, sino al valor de la influencia y de la buena fama. Extendiendo (vendiendo, hablando bien) la de unos, logra que estos le correspondan de igual modo.
En resumen, en lugar de quejarnos de quien nos trata mal, presumamos de quien lo hace bien. Así los demás, quedan “obligados” por orgullo o imitación, a darnos su apoyo.
2.5 Y el varón atento nunca publique ni desaires ni defectos, sí estimaciones, que sirven para tener amigos y de contener enemigos.
La victoria nutre al prestigio. Presentar el lado positivo de nuestra vida atrae respeto, aliados y oportunidades favorables.
Por eso, el varón atento (el hombre prudente), si quiere tener amigos y contener a posibles enemigos, deberá dejar de quejarse ─manifestar al público su queja─ y pasar a expresar siempre hechos estimables de los que él ha sido favorecido o ha terminado con éxito.
Recuerde este mantra: Las personas inteligentes procuran exhibir sus triunfos antes que sus miserias.”
Y este otro: El lamento constante causa aislamiento social y cansa a los demás.
Y uno más: Alegrarse del triunfo de los demás indica que se sabe estar en el lado correcto de la vida.
3. Síntesis de la lectura comentada
Si tuviéramos que condensar en unas pocas líneas la enseñanza práctica del aforismo, podríamos resumirla así:
La distinción precisa entre quejarse y lo que sugiere Gracián se basa en la autoridad y el prestigio que la persona o empresa transmite a los demás.
Gracián considera que el mundo social es un juego de estrategia. Para él, quejarse es un error táctico dañino, pero en cambio, celebrar los favores de otros es una jugada prudente.
Lo resumiremos en tres factores principales:
I) El centro de la atención
Con la reclamación (error): el foco se sitúa en la persona que ofendió y en el daño. Por ello cuando nos quejamos, estamos mostrando debilidad a la vez que se publicita y se da relieve al adversario.
Con la celebración (acierto): Se enfoca la atención en el benefactor y el trato favorable recibido, a la vez que se retira el foco del ofensor, ignorándolo por completo.
Si alguna vez duda acerca de cuál de los dos caminos elegir, recuerde el viejo adagio español: «no hay mayor desprecio que no hacer aprecio».
II) El efecto psicológico en los oyentes
Con la reclamación (error): Se genera desconfianza, burla, indiferencia o desprecio. La gente, tanto en la corte del Siglo de Oro como ahora, se aleja de los “problemáticos” o de los quejumbrosos porque huelen a fracaso. Además de mostrar los puntos débiles, se permite que otros puedan también intentar la ofensa.
Con la celebración (acierto): Si bien puede generar algunas envidias con ello, los oyentes perciben que se es una persona o empresa a la que los demás quieren, respetan y apoyan. Y eso atraerá una creciente ola de proximidad e influencia en su área de trabajo, pues muchos querrán pertenecer a su círculo de influencia.
III) El resultado final
Con la queja: Se consigue que los que escuchan se harten, se burlen, a escondidas o no, se muestren indiferentes o, peor aún, se muestren alegres con su desgracia y se alejen. Se queda uno así, solo y con peor reputación que antes de la queja.
Con la celebración: Se consigue que los que le escuchen, en el peor de los casos, sonrían con amabilidad educada. Y en el mejor, que se alegren de verdad y se planteen acercarse al que le va tan bien.
Resumiendo: Quejarse devalúa y aísla; en cambio, celebrar los favores ajenos cotiza y aumenta la influencia y visibilidad, del que lo hace.
4. Despedida
Le sugiero la lectura de los aforismos de Gracián. A veces no es sencilla, pues su lenguaje es arcaico y lleno de contrastes que hoy nos dificultan su comprensión, pero que ilumina nuestras vidas y trabajo.
Siga con salud y medite en el aforismo de Gracián, sin olvida que quejarse le perjudica y celebrar el triunfo ajeno, le beneficia.
Me despido a la romana: ¡Siga con salud!
Miguel Villarroya Martín-Júdez. Arquitecto Técnico. API. Escritor
martes, 26 de mayo de 2026
Notas últimas
(1) También, este aforismo con sus comentarios, fue publicado unos años antes, en forma más breve, en mi revista Más y Mejores Ventas Inmobiliarias (núm. 40 / febrero de 2010).

(2) El aforismo se presenta aquí con una grafía actualizada del texto original, del Oráculo Manual y Arte de la Prudencia, de Baltasar Gracián. (https://books.google.es/books?id=w1tOAQAAIAAJ) Véalo en la página 52 de este enlace. El original con la grafía medieval, se encuentra en la Primera edición del Oráculo Manual y Arte de la Prudencia, de Baltasar Gracián, publicado en Huesca, Aragón, en 1647.
(3) La imagen que acompaña este aforismo, es del ilustrador japonés llamado Dadaworks, está publicada en Pixabay y puede verse en: https://pixabay.com/es/illustrations/una-pregunta-no-s%C3%A9-duda-bien-4017796/
Y en la que colocamos el número del aforismo es el cuadro de Baltasar Gracián, encontrado hace algunos años en Graus (Huesca) Aragón.
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Miguel Villarroya Martín.
API / Arquitecto Técnico / Agente de la Propiedad Inmobiliaria/ Escritor.
www.cal.es
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